Solamente una de las seis hermanas de Nidal Haidar está casada. Ella ya perdió las esperanzas de encontrar un hombre. "Nuestras oportunidades de encontrar esposos disminuyen a medida que envejecemos", lamenta Haidar, una modista de 38 años de Bagdad. "Yo tengo una edad en la que cualquiera que me proponga matrimonio va a ser un viudo o muy, muy viejo, pero nadie realmente me lo pidió, ya que todos los hombres ahora están buscando una novia joven o rica".

En una sociedad conservadora como Irak, se espera que las mujeres se casen jóvenes. Aquellas que pasan los 30 y siguen solteras deben enfrentar poderosos estigmas sociales y viven bajo estrictas limitaciones. Generalmente, deben continuar viviendo con sus padres u otros familiares. Si no son ricas, educadas ni tienen trabajo, a menudo se ven reducidas por sus familias a la servidumbre: limpiar, lavar, cocinar y cuidar a niños pequeños.
Las oportunidades de trabajo tampoco sobran.
Las mujeres solteras a menudo son consideradas vulnerables, sin la protección de un esposo. Algunas jamás dejan sus casas. "Yo me paso todo el día en casa. Raramente salgo", expresa Haidar en un susurro, para que no la oiga una clienta que fue a su casa a recoger un vestido.
LOS DAÑOS COLATERALES DE LA GUERRA
Haidar, que terminó la escuela secundaria, al menos puede ganarse la vida con su negocio. Ella y sus hermanas solteras —de 23 a 40 años— viven con sus padres en Ciudad Sadr, un distrito chiíta en el este de Bagdad que fue escenario de algunos de los más intensos combates callejeros de la guerra. "Los últimos siete años de guerra mataron cualquier oportunidad que yo tenía de casarme", sentencia. "Ya no pienso en el matrimonio".

Los choques entre chiítas y sunitas significan además que los matrimonios entre miembros de sectas distintas son mucho menos frecuentes. Los problemas económicos también dejaron a muchos jóvenes imposibilitados de costear los fuertes gastos que tradicionalmente implica un matrimonio, incluidos los de comprar o alquilar y amoblar una vivienda.
Soltera y desempleada, Fayhaa Jalil, de 39 años, vive con su hermano y su familia en el barrio de Yijad, en el occidente de Bagdad. "Mi cuñada me acosa y me trata como una sirvienta", acusa Jalil. Si bien aún sueña con tener su propia familia, se considera "realista". En su calle, solamente unas 50 casas están ocupadas. Todo el mundo huyó de la violencia chiíta-sunita. "¿Quién va a verme si no tengo vecinos?", lamenta Jalin. "Guerras, violencia y sectarismo son la causa de mi sufrimiento... No existen lugares públicos apropiados en los que alguien como yo pueda conocer a alguien y, eventualmente, casarse".
Fuente:
Adriana Y. Araujo A.
CAF segundo parcial
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